21 mayo 2017

Abandonar el grupo

Por ELVIRA LINDO
Es primavera. Un amigo va a la comunión de un sobrino. La cita es a las 10 de la mañana. Entre la ceremonia, los aperitivos, la comida, el corte de la tarta con espada como en las bodas, los gin-tonics, la merienda y la vuelta a losgin-tonics previos a la cena se hacen las 10 de la noche. Exhausto, derrotado, cuesta abajo en su rodada, mi amigo decide abandonar el evento, no sin percibir que su adiós decepciona un poco a esos seres queridos que opinan (en bloque) que se está yendo cuando empieza lo mejor. Pero así somos los espíritus libres, de vez en cuando decimos, ¡no al yugo familiar! Ja. Eso es lo que el pobre iluso se cree: la comunión del sobrino no se va a acabar nunca, porque esa fiesta familiar ha entrado en el pesadillesco bucle del WhatsApp. Ríete tú de El día de la marmota:las nuevas tecnologías han convertido los eventos familiares en una versión si cabe más inquietante de El ángel exterminador. Buñuel, te lo has perdido.

Antes de que abandone el recinto celebratorio mi amigo ha sido incluido por una de sus tías en un grupo llamado Comunión y mientras, un poco borracho, espera un taxi percibe la vibración en el bolsillo de la americana de las muchas fotos que el núcleo duro familiar, tías, abuelos, abuelas y esas amigas de las madres que son como casi tías, van compartiendo. Fotos que provocan entusiasmo, vídeos que se cuelgan al instante de ser grabados, comentarios que comienzan siendo graciosillos pero que a estas horas de la noche ya se tornan guarros; ya se sabe lo que hace el alcohol en la mente de nuestros mayores. A las doce de la noche ya han hecho su aparición los emoticonos de la berenjena y la gitana. Así comenzó la caída del Imperio Romano.

Luego hablamos de los estragos que está causando en la mente de los más jóvenes la vida hiperconectada, pero ¿y en la de nuestros mayores? Nuestros mayores. Cuántos chistes se habrán hecho sobre su analfabetismo informático. Pues bien, ha llegado la hora de la venganza de toda una generación. Han abrazado sus teléfonos inteligentes y se sienten como chiquillos con su nueva vida virtual. Es el paraíso de los jubilados, el edén de las madres que se sienten conectadas con sus hijos permanentemente, el hábitat ideal de los primos, de los cuñados, de los excompañeros unidos por los Expedientes de Regulación de Empleo. Yo había aventurado algunas teorías al respecto, dado el número inaudito de vídeos que a diario me inundan el WhatsApp, enviados en abrumadora mayoría por personas de los 60 en adelante. Sospechaba que esta afición descontrolada de los que se han incorporado al universo cibernético a última hora tenía que responder a algún impulso psicológico, y cuál no ha sido mi sorpresa cuando veo que The New York Times abordó este crucial asunto la semana pasada. Al primero que señalaban como un abuelete que no sabía qué uso debía hacer de Twitter era a Donald Trump. De acuerdo, él es el presidente de los Estados Unidos y eso marca la diferencia; de acuerdo, es un ser incontinente, chulesco, con tendencia a la ira y al desprecio, pero incluso contando con esos rasgos patológicos está claro que hay un componente generacional de inadecuación a este sistema de redes que, por sus propias características de superficialidad, resultan apropiadas para un espíritu juvenil y forzadas para la gente de edad. Pensamos equivocadamente que la virtualidad encubre nuestra fecha de nacimiento pero se está viendo que no, que hay una especie de gagaísmo digital que se dispara a partir de una franja de edad y que lleva a los individuos a enviar a todos sus contactos vídeos chistosos (presentándolos como descacharrantes, un aviso de que no te lo parecerán), sobre la conmovedora maternidad de las hienas o las inusitadas habilidades de una niña prodigio. Eso sin dejar a un lado los selfis o el lenguaje hipersentimentalizado del Facebook, con el que se dice te quiero más de lo que cualquier corazón pueda resistir.

Incluso los que no somos aficionados a los libros de autoayuda hemos dedicado algunos minutos de lectura a esos artículos ahora tan abundantes en la prensa en los que te enseñan a decir que NO en 10 pasos a fin de que los compromisos no te roben la vida. Muchos llevamos entrenándonos en esa disciplina muchos años: hemos conseguido con gran esfuerzo decir que no a cenas, a viajes, a trabajos sin remunerar, nos hemos aplicado en distinguir lo fundamental de lo prescindible, pero, ay, han desembarcado la familia y los mayores en la escena virtual y no somos capaces de salirnos de sus grupos de WhatsApp.

Mi amigo lleva una semana recibiendo material gráfico de la comunión y no se atreve a abandonarlo. Le da miedo que su familia piense que tiene algo en contra del chiquillo. (El País, 20.05.17)

13 mayo 2017

Voluntarios por Europa


Para conmemorar el 60 aniversario del Tratado de Roma, embrión de la actual Unión Europea, voluntarios y voluntarias de espíritu europeísta hemos sido convocados por la Comisión Europea para dar charlas en institutos y colegios de Sevilla para difundir los valores que inspiran a la UE: igualdad de derechos, solidaridad con los refugiados, ausencia de fronteras, abolición de la pena de muerte, respeto a las minorías, libertad religiosa, ilustración, multilingüismo, moneda única, y seis décadas de paz entre 27 países otrora enfrentados.

Como voluntario del programa Europe Direct Sevilla, fui invitado el viernes 12 de mayo por la profesora Ana Cortecero, quien imparte la asignatura de Valores Éticos en el Instituto de Enseñanza Secundaria Triana de Sevilla, a darles una charla informativa a sus alumnos y alumnas de 3º de ESO. Ellos y ellas mostraron curiosidad genuina por muchos aspectos de la UE, lo que quedó reflejado en sus muchas preguntas y comentarios. Personalmente, ha sido una de las más gratas experiencias que he tenido como formador de ciudadanos.

11 mayo 2017

¿Qué sabes de la Unión Europea?





video

Europa en 25 líneas

Por Carlos Martín Gaebler
Diario de Sevilla, viernes 4 de febrero de 2005

¿Qué es Europa?

Europa es ese lugar donde no existe la pena de muerte.
Europa no es un club cristiano, y algún día los turcos cabrán en él.
Europa es seguridad social universal y laicismo.
Europa no son razas ni culturas sino valores.
Europa son doce estrellas doradas sobre un azul de Beethoven.

Europa está en el aire que respiramos.

Y en el "Liberté, Égalité, Fraternité" de nuestras monedas.
Y en los puentes de euros que nos acercan y nos igualan.
Europa es concienciación medioambiental.
Europa es una forma de hacer cine.
Es amar los subtítulos y las bicicletas.
Y saber ver amores desnudos en pantallas sin censurar.

Europa son las veinte lenguas (y+) del Parlamento de Estrasburgo.

Europe is all that we have in common.
Europe is what unites us when we live in North America.
It is a state of mind that binds us.
Europa ist auch das Erasmus Programm, natürlich.

Europa es viajar sin pasaportes ni visados.

Europa es solidarizarse con palestinos y cubanos, con saharauis e iraquíes.
Europa es ¡NO A LA GUERRA!, STOP THE WAR!

Europa es donde Pablo y Juan se pueden casar si lo desean.
En Europa no se invoca a los dioses para ganar unas elecciones.
Y aquí ningún homófobo ni ningún machista puede ser comisario europeo.
Europa somos todos porque no sobra nadie.
Estamos en construcción, mais l'Europe, j'adore!




30 abril 2017

Quieren tradición

Por ANTONIO MUÑOZ MOLINA


El letrero aparecía en un lugar prominente en cuanto se entraba en la página web del periódico, con esa pulsación de apetencia ansiosa que gusta tanto a los publicitarios: “Quiero tradición”, “Quiero Semana Santa”. Era un anuncio turístico de la Xunta de Galicia, pero cuando esas dos frases aparecían sin previo aviso era también una afirmación de visceralidad muy propia de estos tiempos: por una parte, la visceralidad de los deseos urgentes del consumo; por otra, la del apego a lo propio, a lo originario, y en último extremo a lo religioso, en su versión más exterior y contrarreformista, más enraizada en el predominio de tantos siglos de la Iglesia católica sobre la vida española, a costa siempre del pluralismo político y la soberanía de los poderes públicos.
Cuando yo era joven la palabra “tradición” tenía un sentido negativo para las personas progresistas, porque venía asociada a lo peor de nuestra historia. Tradición significaba dictadura, oscurantismo, conformidad con lo establecido, atraso. Tradición eran los coros y danzas y los tronos de Semana Santa custodiados por la Guardia Civil en uniforme de gala y los quelonios franquistas desfilando lentamente junto a los clérigos en las procesiones. Tradición era el reverso de todo lo que ansiábamos: era el apego a lo peor del pasado, y lo que nosotros queríamos era el porvenir; era el fanatismo de lo autóctono, cuando nosotros aspirábamos a que nuestro país se abriera al mundo y abrazara las libertades que eran comunes más allá de nuestra frontera; tradición era borrar la historia real y sustituirla por fábulas patrioteras de conquistas gloriosas y resistencia al enemigo exterior; tradición era identificar lo español con lo católico.
Queríamos, y algunos de nosotros lo queremos aún, romper con aquellas tradiciones escleróticas para adherirnos a la gran tradición ilustrada de la libertad de expresión, el pensamiento crítico, el debate abierto y libre, el gobierno de las mayorías, el imperio de la ley, el respeto y la protección a las minorías y a los derechos individuales. El laicismo y la educación pública estaban arraigados desde hacía al menos un siglo en otros lugares del mundo, pero para nosotros, en los años setenta del siglo pasado, eran reclamaciones urgentes, sueños que parecían más prácticos precisamente porque se correspondían con lo habitual en otros países.
Hace 40 años justos, en el gran clamor festivo de las primeras elecciones libres, todo esto parecía accesible. Ahora comprobamos, no sin desolación, que en gran parte seguimos en las mismas, con la diferencia de que ya no hay ninguna fuerza política ni medio de comunicación que reivindique abiertamente los ideales ilustrados y laicos, y de que defenderlos a cuerpo limpio se ha vuelto más difícil y más arriesgado que en cualquier otro momento de las últimas décadas.
Viajo por Andalucía y una lectora veterana me recuerda artículos que yo publicaba en la edición regional de este periódico hace más de 20 años, cuando la dirigía Soledad Gallego-Díaz. En esa época los socialistas llevaban gobernando en España y en Andalucía más de 10 años (en Andalucía eso no ha cambiado). Yo solía escribir aquellas columnas en un estado de estupor que con frecuencia se convertía en abierta indignación. Me causaba estupor y me provocaba cada vez más indignación que las tradiciones más decrépitas del folclorismo y el oscurantismo, en vez de disiparse poco a poco, cobraran más fuerza que nunca convertidas ahora en rasgos obligatorios de una identidad andaluza inventada a toda prisa, e impuesta por la televisión oficial con un gasto de dinero público que se escatimaba para tareas de verdad necesarias, como la dignidad de la enseñanza pública. Me parecía inaceptable que por beatería, conformismo o cinismo electoral las autoridades democráticas desfilaran en las procesiones de Semana Santa con la misma reverencia con que lo habían hecho los mandamases franquistas. Mi lectora se acuerda de un artículo que publiqué en 1996, Andalucía obligatoria. Lo escribí al enterarme de que entre los cursos de capacitación del profesorado que programaba la Consejería de Educación de la Junta había uno consagrado al “espíritu rociero”. Nunca he escrito nada que provocara reacciones más agresivas. Eran tiempos anteriores a las redes sociales, pero ya abundaban las unanimidades ultrajadas: el periódico publicó una carta furiosafirmada contra mí por sesenta y tantos usuarios de los cursos de espíritu rociero, entre ellos un obispo.
Han pasado 21 años desde entonces. Hay cosas que uno escribe y que aspira a que puedan durar, en la medida incierta en que duran las cosas humanas. Hay otras que preferiría que se quedaran obsoletas, que sirvieran si acaso para atestiguar rebeldías que lograron sus objetivos, causas dignas que ya no es preciso seguir defendiendo. Viajando por Andalucía y escuchando a personas razonables que me dicen en privado lo que ya no se atreven a decir en público y ni siquiera en voz muy alta, me doy cuenta de que lo más triste de todo no es que un artículo escrito hace más de 20 años siga teniendo actualidad: es que las cosas, en Andalucía y en cualquier otro sitio de España, probablemente han ido a peor. Lo que hace 20 años fueron unas cuantas cartas al director y algunos anónimos enviados por correo sería ahora un acoso asfixiante en las redes sociales. En 40 años de democracia no ha arraigado ninguna de las tradiciones democráticas que hubieran debido sembrarse desde del principio. Para lo que ha servido el paso del tiempo ha sido para fortalecer prejuicios, no para suavizarlos o borrarlos. En vez del pensamiento crítico, que por naturaleza es individual y tiende a la disidencia, se han fomentado las adhesiones irracionales a lo unánime. Cuanta menos historia se enseña y mayor es la ignorancia del pasado inmediato, más fuerza tienen los orgullos identitarios: cuanto más sagrada es una tradición, más innecesario y hasta peligroso se vuelve el conocimiento verdadero. Sociedades clientelares y estancadas que necesitarían el flujo vivificador de la crítica y el debate abierto se sumen en una conformidad paralizadora, muy adecuada para el mantenimiento de privilegios sociales y hegemonías políticas, en un miedo al arcaico “qué dirán” que es tan dañino para la conciencia como para el despliegue provechoso de las capacidades y las iniciativas que favorecen la prosperidad. No callar es más arriesgado ahora que en 1996, pero es igual de necesario; aunque uno sospeche que, visto lo visto, también es superfluo. EL PAIS, 29.04.17

26 abril 2017

El marido del policía asesinado en París emociona a Francia con su homenaje



Etienne Cardiles, pareja del policía asesinado por un yihadista el pasado jueves en los Campos Elíseos, ha pronunciado un discurso para homenajearle en presencia de François Hollande, Emmanuel Macron y Marine Le Pen.

El policía, Xavier Jugelé, tenía 37 años y era un defensor de los derechos de la comunidad homosexual. Como informó el presidente de Flag (una asociación de policías LGBT de la que Jugelé era miembro), el agente había participado en protestas contra Rusia por su prohibición de "propaganda homosexual" durante los Juegos de Sochi y había viajado a Grecia para asesorar a la policía helena en la gestión de la llegada de refugiados. Cardiles y él eran pareja de hecho.

Estas son las palabras que le ha dedicado su viudo y que han conmovido a los franceses, provocando una ola de emoción y apoyo en las redes sociales.

"Xavier, el jueves por la mañana, como de costumbre, me fui a trabajar mientras tu estabas todavía dormido. Durante el día nos estuvimos mandando mensajes sobre nuestro plan de vacaciones, un viaje a un país tan lejano que me habías dicho que estabas impaciente porque nunca habías ido tan lejos. Los detalles de los visados y nuestras preocupaciones por encontrar alojamiento llenaban nuestros mensajes de un frenesí feliz, porque teníamos los billetes de avión reservados desde el martes.

Empezaste tu servicio a las dos de la tarde, con ese uniforme que cuidabas tanto porque tu aspecto para mantener el orden debía ser irreprochable. Tus compañeros y tú habíais recibido la misión de uniros a la comisaría del Distrito Octavo, donde debíais, como tantas veces, velar por la seguridad pública en la bella avenida de los Campos Elíseos. Te habían asignado el número 102 de la avenida, frente al Instituto Cultural de Turquía. Yo sé que este tipo de misiones te gustaban, porque eran los Campos, era la imagen de Francia, era la cultura lo que protegías.

En ese instante, en ese lugar, sucedió lo peor, para ti y para tus compañeros. Uno de esos sucesos que todos temen y que todos esperan que no llegue jamás.

He vuelto a casa por la tarde, sin ti, con un dolor extremo y profundo que puede que se calme algún día, no lo sé. Ese dolor me ha hecho sentir más cerca que nunca de tus compañeros, que sufren como tú, en silencio, como yo, en silencio. Y en lo que a mí respecta, yo sufro sin odio. Le tomo prestada esa fórmula a Antoine Leiris [cuya esposa fue asesinada en la sala Bataclan], ya que su inmensa sabiduría frente al dolor me admiró tanto que leí y releí sus frases hace unos meses. Es una lección de vida que me hizo crecer y que me protege hoy.

A medida que aparecieron los primeros mensajes que informaban a los parisinos de que un suceso grave estaba ocurriendo en los Campos Elíseos y que un policía había muerto, una vocecilla me dijo que eras tú, y me recordó esa fórmula generosa y sanadora: "No tendréis mi odio".Ese odio, Xavier, no lo tengo porque no se parece a ti, porque no se corresponde en absoluto con lo que hacía latir tu corazón, ni con lo que hacía de ti un policía, un guardián de la paz.

Porque el interés general, el servicio al prójimo y la protección de todos eran parte de tu educación y de tus convicciones, y sabías que la tolerancia y el diálogo eran tus mejores armas. Porque detrás del policía estaba el hombre, ya que solo nos convertimos en policías por elección. La elección de ayudar a los demás, de proteger a la sociedad y de luchar contra las injusticias. Esa misión noble, que asume la Policía y que a menudo se entiende mal.

Yo, como ciudadano, antes incluso de conocerte, ya la admiraba. Esa profesión de policía es la única a la que alude la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. En su artículo 12, señala esta evidencia: "La garantía de los Derechos del Hombre y del Ciudadano necesita una fuerza pública", con una precisión que es útil en este momento políticamente importante: "Esta fuerza se constituye para el beneficio de todos, y no para la utilización particular de aquellos a los que les ha sido confiada". Es la visión que ambos compartíamos de esta profesión, pero es solamente un lado del hombre que eras.

El otro lado del hombre era un mundo de cultura y de alegría, donde el cine y la música ocupaban un lugar inmenso. Cinco sesiones de cine en un día magnífico de sol en agosto no te daban miedo. Y siempre en versión original para el purista que tú eras con esa lengua, el inglés, que querías hablar a la perfección. Tú encadenabas los conciertos, siguiendo a veces a los artistas en una gira completa. Céline Dion era tu estrella, Zazie, Madonna, Britney Spears y tantos otros hacían vibrar nuestras ventanas. El teatro te transportaba y lo vivías plenamente. Ninguna experiencia cultural te echaba atrás. Hasta la peor de la películas la veías el día del estreno, hasta el final, independientemente de su calidad. Una vida de alegría y de inmensas sonrisas, en la que el amor y la tolerancia reinaban como dueñas incontestables. Esa vida de estrella tú la abandonas como una estrella.

Quiero decir a tus compañeros que me siento muy cerca de ellos. Quiero decir a tus jefes policiales que he visto la sinceridad en sus ojos y la humanidad en sus gestos. Quiero decir a todos los que luchan por evitar que esto ocurra que conozco su culpabilidad y su sensación de fracaso, y que deben continuar luchando por la paz. Quiero decir a todos los que nos han trasladado su afecto, a tus padres y a mí, que lo agradecemos profundamente. Quiero decir a tu familia que estamos unidos. Y a nuestros más cercanos, a los que se han preocupado tanto por mí, que se han preocupado tanto por nosotros, que son magníficamente dignos de ti.

A ti te quiero decir que estarás en mi corazón para siempre. Te quiero. Sigamos siendo dignos y prestemos atención a la paz. Y guardemos la paz".

24 abril 2017

L'Europe a gagné

Por Xavier Vidal Folch

Europa ha ganado. El próximo presidente de la República Francesa será Emmanuel Macron, el único candidato verdaderamente europeísta entre los cuatro en liza. El único que sintonizaba con la amplia mayoría —superior a dos tercios— de los ciudadanos franceses partidaria de permanecer en la Unión.

Hay que subrayarlo. Macron era en este equilibrado catch a cuatro el europeísta, frente a la eurohostil Marine Le Pen, que pretende desmantelar la UE; frente al eurorreticente François Fillon, más soberanista a la antigua usanza que otra cosa; frente al euroincoherente Jean-Luc Mélenchon, que pretendía poner patas arriba toda la construccción comunitaria.
Macron será presidente (salvo catástrofe inimaginable) porque esta primera vuelta constituye de facto (no de iure) la segunda y definitiva vuelta. Antes, las primeras rondas servían para descartar a los candidatos menos queridos. Con la ultraderechista xenófoba en el podio a dos, quienquiera que se clasifique en la primera gana la final, porque funcionará el frente republicano.

Sucedió ya en 2002 con su padre Jean Marie —atención, más hosco y torpe que Marine—, en favor de Jacques Chirac.
El conservador Chirac logró entonces récord de votos, la izquierda se volcó en su favor. Y ahora el centroizquierdista Macron es el que menos molesta a los electores rivales: con todos tiene zonas afines. Por eso las encuestas le atribuyen el mejor resultado frente a Le Pen entre los candidatos demócratas.

Con la victoria europea, ganan también otras causas: la de una sociedad abierta contra una comunidad cerrada; la de la causa euroatlántica frente a los manejos autoritarios de Vladímir Putin, santo de la devoción de los demás candidatos; la del mundo cosmopolita frente al submundo nacionalista; la de las democracias avanzadas frente a los autoritarismos; la de una combinación de liberalismo y socialdemocracia frente al neoliberalismo desigualadaor y al proteccionismo liberticida.
Los quejicas, las plañideras, los masoquistas, los casandras, los terruñeros, los falsos profetas, los enterradores del progreso, los sepultureros del Estado del bienestar podrán seguir denigrando de Europa. Porque sale viva y fortificada. On a gané! El País, 24.0417

21 abril 2017

20 abril 2017

Efemérides española

A propósito de la doble efemérides, ahí va esta reflexión: 25 años después, qué lejos quedan aquella Sevilla modernizada del 92 y aquella Barcelona olímpica del amics per sempre. ¡Cuánta regresión oscurantista! ¡Cuánta discordia civil! Pero, ¿qué nos ha pasado?

18 abril 2017

La primera tentación de los cristianos

Por Víctor Lapuente Giné

¿Por qué los cristianos fundamentalistas americanos votaron masivamente a un profeta del materialismo, el hedonismo y el narcisismo como Trump? ¿Por qué los católicos italianos apoyaron a Berlusconi? ¿Por qué tantas voces religiosas en la Europa oriental corean a déspotas oportunistas?
Parece una contradicción. Los votantes moralmente más intransigentes se alían con los líderes más inmorales. Pero, si analizamos la particular moral que defienden los fundamentalistas, la contradicción desaparece.
El historiador y pastor baptista Wayne Flynt señalaba en Financial Times que ha habido un giro en la moral de cabecera de los cristianos evangélicos. En la actualidad, se movilizan contra aquellos “pecados” que no quieren o no pueden cometer, como la homosexualidad o el aborto. Para un varón heterosexual y de mediana edad es más cómodo aceptar la primacía moral de las prescripciones contra la homosexualidad y el aborto que los preceptos contra, por ejemplo, la avaricia, omnipresente en la vida cotidiana de cualquiera.
Es la primera tentación de los religiosos, como ya denunció Jesús. En lugar de cuestionar nuestro comportamiento, tratando de controlar impulsos que pueden ser dañinos para nosotros mismos o para la comunidad, juzguemos la conducta de los demás.
La tentación ha existido siempre, pero ahora se le han sumado unos estímulos económicos y políticos. El mercado de las ideas religiosas se ha globalizado. Los predicadores que antes sermoneaban en sus parroquias tienen altavoces —de las radios a las redes sociales— con los que llegan a una audiencia sin fronteras. Pueden tentar a un mayor número de seguidores con su reconfortante mensaje: la salvación no está tanto en cambiar vuestras vidas como en modificar las de otros mediante leyes represoras.
Y han surgido políticos que se postulan como los guardianes idóneos de esa moral de conveniencia. A escala individual, Trump, Berlusconi y algunos autócratas del este de Europa son una parodia de los valores cristianos, pero ofrecen castigos colectivos a los grupos supuestamente pecadores.
Odia al prójimo tanto como te amas a ti mismo. @VictorLapuente
El País, 18.04.17

14 abril 2017

14 de abril


Por Vicente Verdú + El Roto

La República se ha convertido en un parque natural de la política española. Se trata de un espacio de la memoria colectiva, que habría que preservar como se hace con un paisaje muy singular o con las especies biológicas en peligro de extinción. Puede que los ciudadanos que vivieron aquel episodio nacional lo recuerden con la nostalgia de un sueño de libertad, igualdad y fraternidad o con el horror de un mal parto, que terminó en la tragedia de una guerra civil. Para muchos españoles que no conocimos aquel tiempo sino a través de libros y relatos melancólicos o envenenados, más allá de los tópicos en que ha llegado hasta nosotros, la República es ese futuro irreal e incontaminado al que, de momento, solo se puede llegar por el camino del romanticismo. Los más profundos poemas de amor se deben a poetas que han experimentado amores frustrados o prohibidos. Las mejores novelas de aventuras han sido escritas en la mesa camilla imaginando piratas en el ventanuco del patio de luces y, por supuesto, las pasiones más morbosas suelen proceder de escritores de vida funcionarial, muy ordenada. Probablemente la República hoy sería otra cosa si se hubiera proclamado un día de invierno con niebla, pero llegó un 14 de abril bajo la flor de las acacias y en el sentimiento popular está asociada a la primavera y a la Niña Bonita, el número mágico en la rueda de la fortuna. En las manifestaciones de protesta en la calle se ve crecer cada vez más alta la marea de banderas republicanas enarboladas por jóvenes, que sueñan con una primavera política, que limpie la suciedad de estos tiempos en que vivimos. La crisis económica unida a la basura de la corrupción cuyo hedor no cesa de apoderarse de la sociedad, sin respetar siquiera la escalinata de la casa real, hace que en medio del aire irrespirable, la República se haya convertido en ese parque natural que es necesario proteger, aunque solo sea para purificar la mente de los ciudadanos. No todo está perdido. En medio de la frustración, cada año, cuando se acerca el 14 de abril, muchos españoles divisan un espacio limpio por donde asoma el gorro frigio de aquella Niña Bonita con un mensaje de armonía y libertad. Tal vez se trata solo de un sentimiento, pero ahí está, creciendo más cada día. El País